Las emociones básicas


La inteligencia emocional se convierte en un factor fundamental cuando habilidades como la gestión emocional y la empatía son más decisivas que el coeficiente intelectual. En el caso de la salud, por ejemplo, se ha identificado a las emociones perturbadoras y a las relaciones tóxicas como factores de riesgo que favorecen la aparición de enfermedades.

En el ámbito del amor y de las relaciones personales todos sabemos que las personas inteligentes pueden hacer las cosas más estúpidas.

Y en el ámbito del deporte de alto rendimiento, todos los deportistas cuentan ya con un bagaje de miles de horas de práctica y entrenamiento por lo que, en muchas ocasiones, el éxito depende de la fortaleza mental del atleta.

En el sentido más literal de la palabra, definimos la emoción como una “agitación o perturbación de la mente; sentimiento; pasión; cualquier estado mental vehemente o agitado”.

Todos sabemos por experiencia propia que nuestras decisiones y nuestras acciones dependen de nuestros sentimientos y de nuestros pensamientos. Durante el último siglo hemos sobrevalorado los aspectos puramente racionales pero en los momentos en los que nos vemos arrastrados por las emociones, nuestra inteligencia se ve francamente desbordada.

Los investigadores aún no han llegado a un consenso sobre cuáles son las emociones primarias o básicas, a partir de las que derivan todas las demás.

Aprovechando la película de INSIDE OUT (en español “Del revés”), os voy a presentar cinco que son muy importantes y que todos deberíamos saber identificar porque dirigen la mayoría de nuestros actos:

LA IRA

La ira es una emoción que siempre aparece en situaciones de conflicto con otras personas o con nosotros mismos. La sensación de decepción, de frustración o de injusticia suele ser el detonante para que la ira se haga con las riendas de nuestros pensamientos y nuestros actos. La ira nos provoca una primera respuesta corporal que nos prepara para la batalla, defensa o ataque: nos acelera el corazón y la respiración, y tensa nuestros músculos. La segunda respuesta es cognitiva y depende de cómo sepamos gestionar ese primer impulso de ira. Cuando la ira nos domina, nuestros pensamientos se vuelven negativos por anticipado y muy agresivos.

De la ira provienen la rabia, el enojo, el resentimiento, la furia, la exasperación, la indignación, la acritud, la animosidad, la irritabilidad, la hostilidad y, en casos extremos, el odio y la violencia.

LA TRISTEZA

La tristeza es una emoción que aparece cuando sentimos que hemos perdido algo o a alguien. Cuanto mayor sea nuestro vínculo con lo que hemos perdido, más profunda será la emoción de tristeza y más nos costará desprendernos de ella. Es una emoción que se refleja en el cuerpo y que puede llegar a provocarnos dolor, de ahí que sintamos la necesidad de llorar para vaciarnos de él. Pero también se refleja en el alma. Se caracteriza por que absorbe toda nuestra energía y elimina nuestros deseos y nuestros sueños. A menudo justificamos los momentos de tristeza como buenos maestros de vida por las lecciones que nos enseñan. Su primera lección es siempre demostrarnos que aquello que perdimos fue importante para nosotros.

De la tristeza provienen la aflicción, la pena, el desconsuelo, el pesimismo, la melancolía, la autocompasión, la soledad, el desaliento, la desesperación y, en casos patológicos, la depresión grave.

EL MIEDO

El miedo es una emoción que surge como medida de prevención ante cualquier peligro, real o ficticio. Puede ser la emoción más determinante para la supervivencia del ser humano desde sus orígenes. Si bien es cierto que hoy en día nuestro cerebro ha desarrollado una gran capacidad de crear sus propios miedos que poco o nada tienen que ver con el factor de supervivencia. El miedo también nos genera una respuesta física que entre otras cosas conlleva una “inyección” extra de adrenalina que nos prepara para huir. Nuestro cuerpo también deja aparcadas todas las funciones que no son básicas para no consumir más energía de la necesaria y estar listos para escapar del peligro (repito: real o ficticio). Cuando tenemos miedo sufrimos distorsión en la percepción, sentimos frío, nos cuesta identificar las distancias y los tamaños, etc. Sentimos miedo cuando sentimos que no tenemos el control sobre algo, por lo que la autoestima y el autoconcepto que tenemos sobre nosotros mismos son determinantes.

Del miedo surgen la ansiedad, la aprensión, el temor, la preocupación, la consternación, a inquietud, el desasosiego, la incertidumbre, el nerviosismo, la angustia, el susto, el terror y, en casos patológicos, la fobia y el pánico.

EL ASCO

El asco o la aversión es una emoción bastante desagradable pero muy importante. Mantiene una función similar a la del miedo ya que nos protege de estímulos peligrosos para nuestra salud. Cuando sentimos asco somos capaces de pasar de estar extremadamente hambrientos a perder todo el apetito. Generalmente evita que ingiramos sustancias que pueden ser nocivas o alimentos que no están en buen estado y pueden ser dañinas para el organismo. La respuesta física que nos genera suelen ser las náuseas, los mareos y, por lo general, el deseo de alejarnos del alimento o del objeto de origen.

La aversión genera desprecio, desdén, displicencia, antipatía, disgusto y repugnancia.

LA ALEGRÍA

La alegría podría definirse como la emoción que todos querríamos mantener siempre. Como todas las demás, tiene su función, pero sí que podemos afirmar que es la más positiva de todas. Cuando la sentimos nos sentimos felices, con ganas de hacer muchas cosas y nos apetece compartirla con los demás. La alegría surge desde lo más profundo de nuestro corazón y nos aporta paz, salud y amor. La alegría nos impulsa a movernos, nos invita a la acción y nos sirve de recompensa por nuestros logros y nuestras buenas acciones. A nivel fisiológico, sentirnos alegres nos provoca una inyección de endorfinas y dopamina que ensalzan aún más la sensación de bienestar. La alegría se contagia con facilidad a través de la sonrisa.

La alegría genera felicidad, gozo, tranquilidad, contento, beatitud, deleite, diversión, dignidad, placer sensual, estremecimiento, rapto, gratificación, satisfacción, euforia, capricho, éxtasis y, en caso extremo, manía.

¿Qué sientes ahora mismo después de leer todo esto? Identificar el origen de nuestras emociones es una herramienta increíble para poder gestionarlas y para poder resolver los problemas que aparecen cada día. El coaching, la psicología, y la educación en general, son herramientas para la vida.

¿A que cuándo miras a alguien te preguntas qué estará sucediendo en su cabeza? Pues empieza por identificar que está sucediendo en la tuya.

Jesús Sánchez-Camacho Matilla

Fuente: ined21

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